Con los pies en las letras
Columna de opinión

Columna: la última página

Llegar a la última página de un libro es un pequeño duelo. Columna sobre la melancolía de terminar y el duelo que no se nombra.

No es tristeza, exactamente. Es otra cosa: la sensación de que algo se cierra, de que un mundo que habitamos por un tiempo se despide. Los personajes no mueren, la historia no se pierde, pero dejan de estar disponibles. Ya no van a sorprendernos.

Hay lectores que prolongan el final: leen la última página despacio, o la releen, o no la leen y dejan el libro técnicamente sin terminar. Es un truco para no despedirse. Yo lo he hecho. No funciona: el libro se termina igual, solo que más tarde.

La columna termina aquí, y con ella, esta pequeña reflexión sobre el duelo que nadie nombra. Cerrar un libro es, en el fondo, cerrar una conversación. Y las conversaciones, cuando son buenas, dejan silencio.

Ese silencio, que dura un rato antes de abrir otro libro, es el mejor homenaje que un lector puede darle a lo que leyó. No hay que apurarlo.