Con los pies en las letras
Columna de opinión

Columna: el lector de madrugada

Hay quien lee a las cinco de la mañana, antes de que despierte la casa. Columna sobre el lector que busca la única hora en que nadie le pide nada.

La madrugada no es un horario: es un refugio. El lector que se levanta antes que todos lo hace no porque tenga tiempo sino porque necesita un tiempo que no sea de nadie. Las cinco de la mañana no pertenecen al trabajo, ni a la familia, ni a las obligaciones. Son la única franja que el día no ha reclamado.

Se lee poco, a veces una página. Pero esa página se lee entera, sin interrupciones, sin teléfono, sin la sensación de estar robando minutos. Es una lectura lenta y completa, la opuesta a la lectura a pedazos que llena el resto del día.

No lo recomiendo. La madrugada cuesta, y el cuerpo cobra su deuda. Pero entiendo al que la elige. En un mundo que no deja leer, leer a las cinco es un acto de soberanía menor. Y los actos menores, a veces, son los que sostienen.