La idea que antes sería un ensayo ahora es un episodio de hora y media. Crítica sobre el formato que piensa en voz alta.
El podcast tiene una virtud que el ensayo escrito no tiene: puede dudar en tiempo real. El ensayista escribe después de pensar; el podcaster piensa mientras habla. La diferencia se oye: hay pausas, rectificaciones, momentos en que la idea se forma frente al oyente. Es menos preciso, pero más honesto.
El problema es otro: el podcast no se puede releer. Lo que en un ensayo sería una frase que se detiene y se vuelve a leer, en el podcast pasa y se pierde. El formato gana inmediatez y pierde profundidad. No es mejor ni peor: es distinto.
Pero hay algo que inquieta: los ensayistas jóvenes migran al podcast. El ensayo, como género, se está volviendo un formato de mayores. Y cuando un género envejece, suele ser porque dejó de decir lo que necesitaba decir. O porque encontró un lugar mejor para decirlo.
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