Con los pies en las letras
Entrevistas

Entrevista a una correctora de pruebas

Lee manuscritos que aún no son libros y encuentra errores que nadie más vería. Hablamos de la coma que cambia el sentido, del oficio que se confunde con la censura y de la soledad de trabajar siempre sobre texto ajeno.

La corrección, explica, no es eliminar sino preguntar. "Cada vez que cambio una palabra, le pregunto al autor si era esa la que quería. A veces no me contesta, y entonces la dejo". Treinta años de oficio le han enseñado que el error más difícil de ver es el que no parece error: la frase bien escrita que dice lo contrario de lo que el libro quiere decir.

Trabaja de madrugada, cuando nadie escribe. "Es el único momento en que el texto no discute", bromea.