Anota, subraya, escribe al margen. Después borra todo y devuelve el libro como nuevo. Breve estudio de un misterio.
¿Por qué anota si va a borrar? Le pregunté. "Porque mientras leo, las notas me ayudan", dijo. "Pero después, el libro no me pertenece". Es una respuesta razonable y, al mismo tiempo, incomprensible. Las notas son del lector, pero el libro queda limpio. Es como hablar solo en una habitación vacía: el acto existe, pero no deja rastro.
Hay algo conmovedor en el gesto. Es un lector que respeta el libro más que a sí mismo, que prefiere borrar su huella antes que marcar una página ajena. O tal vez es un lector que no quiere dejar evidencia de lo que pensó, como si la lectura fuera un secreto.
Le devolví el libro. Estaba impecable. No había rastro de que alguien lo había leído con atención. Y sin embargo, lo había leído. Eso, pensé, es lo más parecido a leer en invisible: leer sin dejar marca.
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