Lo regalé con dedicatoria. Tres meses después, me lo devolvieron "por si lo querías de vuelta". Crónica de un desencanto.
La dedicatoria decía: "Para ti, que siempre buscas algo que no se encuentra". Pensé que era un elogio. El destinatario, al devolverlo, escribió en una nota: "No lo encontré". No supe si era un chiste o una sinceridad. Guardé el libro y la nota.
Lo gracioso es que no me molestó. Me pareció, más bien, un acto de honestidad poco frecuente. Cuántos libros regalados terminan en una estantería ajena, sin leer, por pura cortesía. Este, al menos, volvió.
Lo volví a regalar. Esta vez sin dedicatoria. No ha vuelto.
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