El biógrafo narra, documenta, cita, pero se niega a concluir. El lector queda con la tarea. Una reseña sobre el respeto y sus límites.
El libro tiene setecientas páginas y ninguna sentencia. El biógrafo, que conoció a su personaje, decidió contar sin juzgar, y esa decisión tiene un precio: el lector busca un hilo que el libro no da. Hay momentos en que la narración se detiene justo donde esperábamos una opinión, y la ausencia se vuelve ruido.
Pero el método, incómodo, tiene una honestidad que las biografías judgmentales rara vez alcanzan. El personaje queda entero, con sus contradicciones visibles y sin que nadie las resuelva. Es, en cierto modo, la biografía más respetuosa que he leído, y también la más frustrante.
Terminé el libro sin saber si me gustó. Eso, me parece, es lo que el autor quería.
Comentarios
Sé el primero en comentar.