Once personajes, cinco ciudades, tres décadas. La novela coral es ambiciosa y, a veces, confusa. La reseña intenta orientar al lector sin spoilear.
El autor construye un mapa emocional más que geográfico: las ciudades son menos importantes que las distancias entre los personajes. Lo que importa es quién sabe qué de quién, y cuándo lo sabe. La novela juega con la información como un thriller, pero el suspense no es policíaco sino íntimo: esperamos que dos personajes se encuentren, y cuando lo hacen, el encuentro no resuelve nada.
Hay capítulos brillantes y otros que sobran. El libro sería mejor con cien páginas menos, pero las que están son tan buenas que perdonan las demás. Una novela desigual, sí, pero de las que dejan marca.
El final es abierto, lo que algunos lectores odiarán y otros agradecerán. Yo, después de tantas páginas, lo preferí así.
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