El autor confiesa que la escribió al revés y que el lector puede empezar por donde quiera. Lo intenté. Funciona, pero no como promete. La reseña cuenta por qué.
La estructura, dividida en catorce capítulos numerados pero no ordenados, propone una libertad que en la práctica se parece más a un laberinto. Empezar por el capítulo siete no cambia la historia, pero cambia el tono: lo que en el orden original es revelación, en el orden inverso es presagio. El autor parece saberlo, y juega con eso.
El problema es que el libro mejor escrito es el que se lee en orden. Los demás son posibles, pero no mejores. La promesa de libertad, entonces, es una promesa de variaciones menores sobre una sola novela. Lo cual, pensándolo bien, también es algo.
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